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El contexto global está marcado por una serie de crisis recientes, de múltiples dimensiones, que han impactado profundamente las estructuras económicas, sociales y políticas de nuestros países. La confluencia de eventos críticos, como la pandemia de COVID-19, las disrupciones en las cadenas de suministro, el cambio climático, las tensiones geopolíticas y la transformación digital acelerada han generado incertidumbre y volatilidad, exponiendo vulnerabilidades en todos los ámbitos de la vida, no solo en áreas o sectores específicos, como en períodos de crisis previas. Estas crisis, con impactos integrales y múltiples, han revelado la necesidad de una reconfiguración del enfoque de desarrollo para garantizar un futuro más estable, con seguridad integral para todos en América Latina y el Caribe (ALC).
La seguridad económica, indispensable para garantizar la estabilidad de la región, debe ir de la mano con la seguridad social, asegurando la inclusión y la equidad en la distribución de los beneficios del desarrollo. Asimismo, la seguridad ambiental se ha convertido en un pilar indispensable, dada la vulnerabilidad de la región a los efectos del cambio climático, y la necesidad de promover una transición energética hacia fuentes sostenibles y limpias. La integración de la seguridad tecnológica y digital es también crítica, ya que el avance de la tecnología ofrece grandes oportunidades, pero también plantea riesgos en términos de ciberseguridad y brechas de acceso.
En este sentido, el enfoque de «seguridad múltiple» o «seguridad integral» no solo sugiere una respuesta a las crisis actuales, sino que plantea una visión a largo plazo donde las capacidades de los estados, empresas y personas se fortalezcan de manera proactiva para afrontar futuras amenazas. Esto requiere identificar los riesgos presentes y potenciales, fortalecer las instituciones y promover la inversión en proyectos estratégicos que apunten hacia un desarrollo sostenible y equitativo. Además, la educación y la formación técnica y profesional son claves para preparar a la población para los retos y oportunidades del futuro, potenciando la productividad y la innovación.
En este proceso, resulta fundamental la creación de alianzas que movilicen recursos financieros y conocimientos, integrando a diversos actores en la formulación e implementación de políticas, planes y proyectos. La colaboración regional e internacional será esencial para posicionar a América Latina y el Caribe en el nuevo escenario global (fase de re-globalización), asegurando que nuestra región juegue un papel activo en las grandes decisiones que moldearán el futuro.
La Asociación Latinoamericana de Instituciones Financieras para el Desarrollo (ALIDE) reconoce que el papel de la banca de desarrollo es fundamental en este escenario de incertidumbre, actuando como motor clave para la recuperación y el progreso económico, social y ambiental. Bajo el tema «De la Crisis Global a la Seguridad Integral: Banca de Desarrollo Forjando el Futuro de Latinoamérica”, la asamblea se propone abordar la necesidad de una estrategia de recuperación integral que no solo reactive las economías, sino que también promueva una seguridad múltiple que abarque dimensiones económicas, sociales, ambientales, tecnológicas y digitales, entre otras.
En ese sentido, desde la perspectiva de ALIDE y de la banca de desarrollo, se deben responder cuestiones generales y amplias como: ¿Es posible un mundo más seguro en sus múltiples dimensiones? ¿Cómo pueden los países, individual o colectivamente, contribuir a ese objetivo? ¿Qué tan importantes son los bancos de desarrollo para abordar estas diferentes dimensiones de la inseguridad? ¿Cómo lograr un acceso adecuado y sostenible a la financiación? ¿Es funcional el actual sistema financiero internacional para la financiación del desarrollo en estas circunstancias?
La Asamblea de ALIDE será un foro estratégico para discutir estas cuestiones y delinear acciones concretas. El objetivo es lograr un desarrollo integral que, con una visión de seguridad múltiple, garantice no solo la recuperación de las crisis actuales, sino también la resiliencia y prosperidad de la región en las décadas por venir.
Esto incluye no solo la diversificación económica o de las fuentes de ingresos para reducir la dependencia de factores internacionales volátiles, sino también la autosuficiencia financiera y comercial, fortaleciendo la integración de ALC en los mercados globales de manera más competitiva y segura.
Asimismo, es crucial que la región esté preparada para enfrentar crisis de diversas índoles, como la violencia social o los cambios en las políticas y el comercio internacional, de manera que se minimice su impacto negativo. En este contexto, la banca de desarrollo juega un papel clave: ¿Cómo puede apoyar la adaptación de la región a este escenario global cambiante? ¿Qué estrategias están adoptando para crear un entorno propicio para inversiones estratégicas y diversificar alianzas comerciales? ¿Cómo están aprovechando las tensiones geopolíticas para abrir nuevos mercados y atraer inversores? ¿Qué instrumentos innovadores —como fondos contingentes, seguros o fondos de emergencia— están utilizando para enfrentar eventos inesperados?
El panel analizará los instrumentos innovadores que pueden ser implementados para enfrentar situaciones inesperadas. Estas herramientas financieras no solo mejoran la capacidad de respuesta ante crisis, sino que también fortalecen el sistema económico regional, promoviendo un crecimiento más sólido y sostenible a largo plazo.
En términos de seguridad energética, ALC enfrenta desafíos significativos, agravados por crisis globales, cambios climáticos y fluctuaciones económicas. Asegurar un acceso confiable y sostenible a los recursos energéticos es crucial para el desarrollo y la estabilidad de la región. Aunque se han logrado avances en energías renovables, la región sigue dependiendo de los combustibles fósiles; en 2022, el 56% de la matriz energética de ALC provenía de fuentes no renovables, lo que la hace vulnerable a las fluctuaciones de los precios internacionales del petróleo, a riesgos ambientales, y a la inestabilidad geopolítica.
ALC tiene un gran potencial en energías renovables, especialmente hidroeléctrica, solar y eólica. Algunos países ya están liderando en la integración de estas fuentes en sus matrices energéticas, pero para lograr una verdadera seguridad energética es esencial ampliar y diversificar estas capacidades en toda la región. Esto requiere inversiones significativas en infraestructura, como la modernización de redes de distribución, almacenamiento de energía y desarrollo de tecnologías de transición, además de la voluntad política para una mayor integración energética regional.
Entonces cabe explorar, desde la perspectiva de los bancos de desarrollo, ¿cómo pueden facilitar la transición de ALC hacia una matriz energética más diversificada y menos dependiente de los combustibles fósiles? ¿Qué estrategias pueden implementar para financiar la modernización de infraestructuras energéticas? ¿Cómo pueden colaborar con gobiernos y el sector privado para fomentar la inversión en energías renovables? ¿De qué manera pueden contribuir a la integración energética regional para optimizar el uso de recursos renovables en ALC? ¿Cómo pueden impulsar la innovación en tecnologías de transición energética? ¿Qué mecanismos de financiación innovadores podrían desarrollar para apoyar la implementación de proyectos de energía renovable?
Una de las regiones más afectadas por el cambio climático, con impactos directos en la producción agrícola es ALC. Se estima que las pérdidas agrícolas debido a eventos climáticos extremos podrían alcanzar los US$29 mil millones anuales para 2050 si no se toman medidas.
Para garantizar la seguridad alimentaria, es crucial adoptar prácticas agrícolas sostenibles que aumenten la productividad y conserven los recursos naturales, además de diversificar la producción para reducir la vulnerabilidad ante crisis específicas. En este proceso, La adopción de tecnologías avanzadas y la digitalización del campo pueden mejorar la eficiencia, la resiliencia del sector agrícola y facilitar el acceso a mercados, por lo que es crucial una combinación de políticas públicas, inversiones estratégicas en infraestructura y tecnología, y una colaboración regional.
En este contexto, es importante analizar desde la banca de desarrollo ¿cómo pueden fomentar inversiones estratégicas en infraestructura agrícola para mejorar la resiliencia frente a eventos climáticos extremos y asegurar una producción sostenible? ¿Cómo apoyar a los productores en la diversificación de cultivos para reducir la vulnerabilidad y fortalecer la seguridad alimentaria? ¿Qué papel pueden desempeñar en financiar tecnologías agrícolas avanzadas que incrementen la productividad y resiliencia? ¿Qué programas o fondos pueden crear para impulsar la digitalización del campo y mejorar el acceso de pequeños agricultores a mercados? ¿Qué estrategias de financiamiento pueden reducir la dependencia alimentaria en ALC y promover la autosuficiencia? ¿Cómo contribuir a la creación de alianzas público-privadas que impulsen la innovación en el sector agrícola?